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La Coctelera

La Carmen

Tu Presente está en Japon pero tu pasado está en España

20 Julio 2007

Capitulo V, Tanojobi Omedetoo!, Primera Parte

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La mañana inició como siempre después de un día de trabajo, ya había iniciado a trabajar como la nueva integrante de la junta administrativa de “Takamura Buildings” desde hace un par de semanas atrás y se sentía muy a gusto, ya que ese era el trabajo pagado de sus sueños desde que entro a la universidad. La luz del sol se colaba por las cortinas haciendo que Yoshiko se levantara más enérgicamente. El olor del café recién colado reinaba el lugar y la indescriptible aroma de Jiro también. Yoshiko entró al baño aun con los ojos cerrados y el cabello en su cara se miro al espejo y se dijo así misma << Los años pasan y no perdonan >>. Una tenue arruga se observó en su cara y ella sencillamente sonrió y soltó una carcajada.

- Querida Yoshiko ¿Por qué te ríes? – dijo Jiro desde la ducha ya que se encontraba bañándose.

- Y un buen día para ti también querido Jiro, tan solo me observaba en el espejo y estoy notando que estoy cada día más vieja.

- Pues eso es imposible, tú siempre serás jovial y hermosa para mí.

La mano húmeda de Jiro le invitó a Yoshiko a unirse a la ducha, ella muy tímidamente sonrió e impulsivamente se introdujo en la ducha totalmente aun vestida con la bata de seda celeste que todavía la cubría.

El agua tibia de la regadera se colaba entre sus cuerpos húmedos, sus caricias se intensificaron a medida que se excitaban cada vez más. La mojada bata azul fue despojada de su cuerpo de un solo golpe, y sus cuerpos húmedos y calientes se volvieron a unir es un beso largo y apasionado. El roce de sus cuerpos hacia que se sintieran mas atraídos mutuamente mientras que ambos se enjabonaban con un jabón de lilas. El baño terminó cuando de los labios de Jiro salieron las palabras ¡Feliz cumpleaños! Y Yoshiko muy feliz tan solo le correspondió con un beso.

-Habrá una fiesta sorpresa como todos los años ¿no? – decía yoshiko mientras tomaba una de las toallas blancas que se encontraban en el baño

- Querida, solo trata de hacerte la sorprendida, ya conoces la rutina, el pastel los amigos… además te tengo una sorpresa para esta noche.

- Eres un chico de muchas sorpresas Jiro, por eso te amo. Ahora necesito vestirme tengo una junta importante para la publicidad del nuevo modelo del celular “Takamura512” y no debo llegar tarde.

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6 Julio 2007

Capitulo IV, Takanawa. Segunda parte

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Se quedó estática en la puerta del restaurante, hace mucho tiempo que no veía a su padre y se sentía algo nerviosa pues no había hecho ni siquiera una llamada en el tiempo que estuvo afuera. La verdad ella siempre quiso a su padre y el cariño era reciproco pero su estilo de vida y sus actividades habían hecho que se distanciaran cada día mas. Aun allí estaba, todavía perturbada con la vista posada en la puerta mientras que la gente pasaba a su alrededor, por un momento pensó que el tiempo se le detenía pero al recobrar la cordura tan solo inhalo un poco de aire de la ciudad y sencillamente entró al restaurante. Miraba a su alrededor buscando a su padre, divisó a un hombre alto y corpulento, con manchones grisáceos en su cabello a la esquina del restaurante. Estaba acompañado de una mujer que estaba de espalda leyendo el menú, se le hacia muy conocidas esas personas hasta que descubrió que eran sus padres.

- Yoshiko, querida hija mía – dijo el hombre con una voz exaltada

La mujer se dio vuelta y ella había adivinado bien, era su madre un poco mas vieja pero aquellos eran los mismos ojos que siempre reprochaban las acciones que Yoshiko.

- Padre, madre… tanto tiempo…- contestó Yoshiko casi sin respirar.

- Querida hija, tanto tiempo sin verte, ven y dale un abrazo a tu querido padre.

- Claro, siempre tiene que ser el padre quien abrace primero a su hija y yo siempre seré un plato de segunda mesa.

- ¡Bah! Mei, siempre te has comportado de esa manera con Yoshiko, y creo que nunca cambiaras.

- Creo que si tan solo tu hija se interesara más por mí, las prioridades cambiarían.

- Ya basta de necedades, los he extrañado a ambos si tan solo dejaras de ser tan egoísta mamá.

- Si claro, abandoné a mis sueños de ser una estupenda abogada para cuidarte y estar a tu lado y mira como me lo agradeces, desapareciendo por una temporada y ni siquiera enviaste cartas o una llamada telefónica ¡nada!

Yoshiko desde la infancia siempre había tenido que lidiar con los sermones de su madre, ella la culpaba de no haber seguido sus estudios de abogacía, aspiraba a ser una excelente abogada hasta que le dieron la noticia de que se convertiría en una futura madre. En cambio su padre era el tipo de padre que daría todo por su hija, era un padre ejemplar y se llevaba muy bien con ella.

Ya los tres estaban en la mesa, Mei estaba hojeando el menú mientras que Yoshiko hablaba con su padre las opciones de negocios, los viajes a la Europa oriental y lo entretenía con sus pintorescas experiencias.

- La verdad Yoshiko estas cada vez más hermosa, aun sigues saliendo con ese joven, ese que siempre usa trajes elegantes…

- Quien ¿Jiro?

- Si ese joven Jiro, ¿cuando me darán mi primer nieto? – Dijo Hao con una voz juguetona y sarcástica

Mei miró encima del menú a su hija

- Ni siquiera nos hemos casado papá, además el matrimonio no esta en mis planes actuales…

- ¡Bah! Cásate mientras puedas, los hombres no que querrán cuando estés vieja, al final terminaras como Kira, ¿te acuerdas? La vieja solterona que vive al frente de la casa – inquirió Mei lanzando una mirada fulminante a su hija.

- Ya madre deja de hacer la misma escena, ahora ordenemos la comida.

La comida transcurrió naturalmente entre los quejidos de Mei, las carcajadas de Hao, las historias y los recuerdos familiares de Yoshiko. La comida del Donjaca siempre le había gustado a la familia Takanawa así que disfrutaron algo de miso, unos sahimis y algunos nigiris. Al final todo resulto como una vieja reunión familiar después del colegio o, al menos así le pareció a Yoshiko tan entusiasmada de ver a sus padres, su nerviosismo ya se había esfumado hace mucho tiempo.

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4 Julio 2007

Capitulo IV, Takanawa

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Yoshiko despertó en mitad de un sueño, era uno de esos sueños recurrentes en el que de repente crees que eres otra persona, una persona a la que en realidad te gustaría ser o sientes la necesidad de serlo. A su lado estaba Jiro acostado boca abajo, ahora que Yoshiko había retomado la conciencia se daba cuenta que aunque no era propio de ella, la verdad le había gustado la experiencia. Se levanto bruscamente de la cama tratando de no despertar a su amante y se dirigió al baño aun con los parpados entrecerrados.

<< Nunca pensé que así iba a pasar mi noche >> Pensó Yoshiko mientras se miraba al espejo. Aun desnuda miraba su cutis, sus ojos, su cuerpo descubierto y de repente regresó la vergüenza abandonada la noche anterior. Buscó una toalla blanca arena y en embutió en ella. Se despejó la cara y se miró nuevamente al cristal del espejo. << Tal vez debería darme una ducha para aclarar esas ojeras >>

Yoshiko abrió la regadera, una larga ducha tibia le ayudaría a mantenerse relajada y tranquila. El agua tibia la envolvía completamente mientras se quitaba de encima el olor del perfume de Jiro, su madre siempre le repetía que una dama respetable nunca debía tener el olor de un hombre, no era apropiado. Yoshiko disfrutaba el agua tibia y mientras se enjabonaba pequeños fragmentos de su niñez pasaban por su cabeza, cosas simples como recuerdos de su primer día de campo, el primer cuento infantil que terminó por si sola, el olor a sándalo del incienso que quemaba su padre todos los viernes.

Yoshiko salió toda empapada de la ducha, se secó su cabello muy vigorosamente y antes de que el aire frío tacara su piel otra vez se volvió a envolver en su toalla. Paseó al frente de la cama aun cubierta con el paño y vió como Jiro aun dormía profundamente, la cara de su amado se notaba apacible, ella solo se quedó observándolo notando cada parte del cuerpo de el. Después de ponerse tan sutilmente su ropa interior de algodón fue hasta el armario y abrió la puerta << No tengo nada que ponerme >> se dijo así misma y tan solo tomó un conjunto color beige y se dispuso a vestirse. En la habitación el teléfono empezó a sonar incesantemente dejando de sonar al segundo siguiente, yoshiko se acercó muy cautelosamente a la cama ya vestida con su traje color beige que le quedaba algo flojo pero que aun adoraba y se sentó suavemente en la cama tratando de ver el identificador de llamadas.

- Era tu padre, quería hablar contigo – balbuceó Jiro mientras se daba vuelta y abría sus ojos.

- ¿Que dijo?

- Solo que te quería ver en su restaurante favorito, quiere darte la bienvenida hace mucho que no te ve.

- Lo veré en el Donjaca, a las 1:30 el siempre está a esa hora allí.

Yoshiko se levantó de la cama, se peino, se calzó el calzado del día anterior y despidiéndose con un beso salió a la calle para así tratar algunos asuntos sin resolver totalmente del día anterior.

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30 Junio 2007

Capitulo III, Circulo de amigos, Ultima Parte

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Jiro limpió a Yoshiko muy suavemente mientras esta se dejaba con toda la amabilidad del mundo, de repente las Cadencias de L’Elisir D’Amore de Donizeti empezaron a envolver la habitación. Jiro miró los ojos hermosos ojos negros de Yoshiko y un pequeño roce de labios sucedió al instante. Yoshiko cerró muy lentamente sus ojos y se dejó caer sobre el mullido sofá de la estancia. Jiro tan solo tomó su brazo y de repente la llevó hacia su pecho plantándole un apasionado beso en sus virginales labios que no habían sido tocados por otra persona en mucho tiempo.

Nadie la había besado de esa manera en mucho tiempo, su hábil lengua recorrió solo por unos instantes el interior de su boca hasta que Yoshiko finalizó la experiencia del beso. Yoshiko se sentía acalorada, su libido se sentía mucho más alto de lo común algo muy extraño en Yoshiko ya que ella siempre había tenido un apetito sexual muy dormido. En cuestión de segundos Yoshiko se encontraba encima de su amado, el brassiere de algodón negro que vestía ella cayó muy salvajemente hacia el piso de parquette del apartamento dejando notar sus pechos, sus pequeños pero suaves senos tenían la suavidad de los pétalos de una blanca rosa. Yoshiko se sentía algo apenada, nunca fue tan abierta ni siquiera con Jiro pero en esta oportunidad la vergüenza fue desplazada por la pasión y la lujuria que sentía en ese momento. Las prendas progresivamente caían al suelo en torno al sofá y en cuestión de minutos los dos estaban desnudos acariciándose y besándose aun en el sofá de terciopelo marrón. Los besos cada vez se hacían mas intensos, mas calidos podría decirse, sus cuerpos se movían rítmicamente mientras que ambos podían oír las Arias de Donizeti al fondo causando que continuamente los dos se excitaran aun mas hasta que el canto final de Adina se confundió con los gemidos y jadeos de esta joven pareja ocasionando entre ellos un explosivo orgasmo que les hicieron acordarse lo mucho que se querían. La grabación de los aplausos hizo que Yoshiko se sintiera por un momento como que si había terminado de acabar una escena en el teatro y salía a recibir los aplausos que el público le otorgaba. Jiro tan solo la cargó en sus brazos, la llevó en sus brazos y mientras la veía a los ojos tan solo la llevaba a la habitación, sin duda alguna esta experiencia se iba a repetir y Yoshiko estaba preparada para recibir el mismo cariño que ella ya le había dado a Jiro.

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18 Junio 2007

Capitulo III, Segunda Parte, Circulo de amigos

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- Puedes abrir los ojos Yoshiko - se escucho decirlo a Jiro mientras se desprendía muy fácilmente del brazo de la joven.

Yoshiko se sonrojó al quitar las palmas de las manos de sus ojos, la mesa estaba puesta para dos, y en el centro un florero donde se mostraban los mas hermosos tallos de las orquídeas blancas que Yoshiko había visto en su vida. Las servilletas en forma de cisnes besándose hacían que la mesa se viera tan elegante como un restaurante, habían velas alrededor que Jiro encendía una a una en el silencio de la tarde. Yoshiko fantaseaba con la idea de tener a su propio mayordomo y Jiro al parecer lo había recordado dándole a entender que ese día haría sus sueños realidad.

-Siéntese Mademoiselle – decía Jiro con mal acento francés mientras sonreía y muy gentilmente le ofrecía el asiento a Yoshiko.

-Uhh, Monsieur Jiró, por que tanta atención.

-Sencillamente, te quiero dar la bienvenida a mi manera, sabes que yo aun tengo mis secretos bajo la manga – decía Jiro mientras que se colocaba un sombrero abultado de chef y le daba una sonrisa picarona a Yoshiko.

Jiro solo trataba de que la velada trascurriera tan natural y tan placentera para que Yoshiko cambiara su humor y la pasara como nunca la hubiese pasado. De la nevera sacó un par de botellas, una de vino tinto muy robusto y una de champagne rosé que ciertamente guardaba desde hace un tiempo. Primero abrió la botella de champagne y la sirvió en un par de copas tipo flauta justo al frente de Yoshiko mientras que ella observaba como las burbujas del licor ascendían a la superficie. Yoshiko solo tomó una de las copas y mientras levantaba su copa al aire preguntó: ¿Por qué brindamos?

- Naturalmente por que regresaste, regresaste a mis brazos – respondió Jiro mientras chocaba su copa con la de ella y luego de un segundo bebió su contenido.

- o la la, ¿y cual es el menú de la tarde? – decía Yoshiko mientras colocaba la copa nuevamente en la mesa.

- Bueno para tu placer personal he hecho algo muy bueno tan solo para los dos. Para empezar una Crostini con Tapenade, seguido por una ensalada capresa, unos Farfalles all arrabiata y para finalizar un delicioso postre que revelaré al final de la velada. Te prometo que será algo íntimo solo para nosotros dos.

La velada avanzo desde las entradas hasta el final del plato principal y a medida que mejoraba la tarde y circulaba la conversación ambos disfrutaban lo maravilloso de estar nuevamente juntos. Jiro se levanto con cortesía mientras que retiraba los platos sucios y la botella de vino parcialmente vacía que ambos habían tomado. Yoshiko permanecía sentada con su porte y elegancia natural que solo ella poseía y era una de esas pequeñas cosas que Jiro le encantaba de Yoshiko. La bandeja de color plata que tenia Jiro contenía un par de copas y como gran mayordomo sirvió los “Bellinis” a cada uno de ellos. Yoshiko solo sonreía muy tímidamente mientras que se llevaba una de las fresas bañadas en crema chantillí. Ella había entendido totalmente por que había elegido ese postre y mientras disfrutaba el sabor acido pero a la vez dulce de las fresas recordaba la primera cita que había tenido con Jiro. Fue aquella tarde de verano en las playas frías de Kōbe cuando Jiro la esperaba con una cesta de bambú llena de las delicateses más exquisitas de Japón. Habían tomado un par de vasos de sake bien helado y mientras ambos disfrutaban aquel día de diversión, el cariño entre ambos crecía cada vez más. Los “bellinis” que Jiro había llevado en esa oportunidad sin duda alguna se habían derretido pero igual disfrutaron ya que Yoshiko comió tan solo las frutas rojas.

El tintineo de las copas y la voz de Jiro hicieron que Yoshiko volviera al presente dándose cuenta que ya había terminado totalmente su postre. Yoshiko veía como Jiro hacia lo posible para que ella se sintiera tan cómoda como de costumbre y ella le encantaba ya que se sentía tan protegida y consentida que nunca jamás quería separarse de su lado.

- Querida Yoshiko, tienes un poco de crema en la cara – decía Jiro mientras que se le acercaba con una servilleta blanca de tela. – Permíteme limpiarte.

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9 Junio 2007

Capitulo III, Circulo de amigos

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-Yoi ¿eres tú? – dijo la chica mientras que volteaba. –no puedo creerlo, Yoshiko Takanawa ha regresado a la ciudad.

-Y yo no puedo creer que ahora estés en el piso 22, a quien mataste para lograrlo. – dijo Yoshiko mientras abrazaba a esta vieja conocida.

-Desde que te fuiste a Berlín tenía que hacer algo en tu ausencia ¿no?

-Con tal que no me quites mi puesto de trabajo, todo bien – Decía Yoshiko mientras le daba unas palmaditas en su hombro derecho a Dariya.

Dariya era una de esas jóvenes japonesas que dividían su tiempo a la mitad, era secretaria en el área de recursos humanos y por su formación era muy exitosa aunque sea como secretaria. Tenía la piel muy blanca y su cabello era de un color miel muy oscuro. Dariya y Yoshiko se habían conocido el primer día de trabajo, sorpresivamente Dariya era la secretaria de Yoshiko y esta relación avanzó hasta convertirse en una amistad.

-Felicidades por tu gran ascenso, veo que no te has quedado en los laureles – decía Dariya con un tono burlón

-Gracias Dariya, empezaré la semana que viene por los momentos solo vine a saludar – dijo Yoshiko mientras tomaba otra vez su equipaje.

-Ni modo amiga, nos vemos el fin de semana.

-Nos vemos Dariya – dijo Yoshiko mientras abrazaba a su amiga muy afectuosamente.

Yoshiko salió del edificio con la cara un poco sorprendida, hoy el día a pesar de todo le había salido todo muy bien, un ascenso, el rencuentro con su amiga, todo le iba saliendo totalmente maravilloso. Al llegar a la recepción, encontró a la misma chica antipática sentada y respondiendo los teléfonos, Yoshiko solo volteó y salió en dirección hacia la calle.

El sonido de una corneta que se confundía entre el bullicio de la ciudad hizo que Yoshiko se impulsara a regresar a la realidad viendo al frente un carro muy familiar. Allí frente a ella se encontraba un mercedes blanco que apenas ella podía reconocer, la puerta del carro se abrió y allí se encontraba un hombre de tez blanca, alto y algo sobrio, su cabello negro caía por su rostro y contrastaba totalmente por el color nuez de sus ojos. La verdad, Yoshiko aun no sabia quien era hasta que el sujeto exclamó ¡Yoshiko!

Yoshiko solo quedó allí parada en la acera mientras que la gente iba y venia a su alrededor y ella solo buscaba en su memoria esa voz que sabia que la conocía y de repente como un rayo expresó - ¡Jiro!, ¿eres tu?

-Yoshiko, te estaba esperando, entra al auto – decía mientras le daba algunas palmaditas al asiento del pasajero.

- Tanto tiempo Jiro – Decía Yoshiko mientras saludaba con un afectuoso beso en la mejilla.

El carro avanzo por las avenidas intransitables pero eficientes de Tokio, tan solo el stress de la calle se podía cortar con un cuchillo pero esto no afectaba a ninguno de los dos, ni a Jiro ni a su querido amor.

-¿Cómo supiste de mi llegada? – decía Yoshiko mientras se acomodaba muy plácidamente en el asiento de cuero beige.

-Sencillamente lo intuye, pero las docenas de E-mails que recibí de tu parte la semana pasada no tuvieron nada que ver – decía Jiro con las manos sobre el volante mientras veía muy afectuosamente a Yoshiko.

Jiro observaba lo mucho que había cambiado Yoshiko al estar tanto tiempo en el exterior. Vestía ahora con la moda occidental, unos zapatos Prada color chocolate le cubrían los pies y el verano en Berlín le dio un rubor muy natural a su piel que Jiro sencillamente no podía resistir.

Yoshiko estaba viendo por la ventana muy pensativamente, un enorme silencio incomodo invadió el carro sorpresivamente. Yoshiko de repente sintió esa sensación de cosquilleo que se tiene cuando uno se encuentra nervioso. La ansiedad crecía a medida que empezaba a reconocer el paisaje urbano cerca de su edificio.

-Yoshiko, ¿Sucede algo?, no te veo muy entusiasmada por llegar a casa. ¿Pasó algo en Berlín que merezca mi atención?, ¿Es acaso que tienes un novio en Europa y no me lo quieres decir?

-No sucede nada Jiro, es que estoy algo deseosa de llegar a mi apartamento, podría ser el hecho que no había tocado Japón en mucho tiempo y aun no lo puedo asimilar.

-Naturalmente cariño, es algo difícil los primeros días, pero pasará muy calmadamente. – Decía Jiro mientras colocaba su mano sobre la pierna de Yoshiko – Yo haré que no te sientas sola, estaré contigo siempre que creas necesario.

Yoshiko sonrió pero aun en su cabeza sentía que algo no iba a ir muy bien, un dolor de cabeza pasajero fue la respuesta de la jovencilla, tal vez causado por el cambio horario, ella no lo sabia pero al levantar la vista y sentir como el carro se detenía pudo ver como se erigía de la nada su edificio. El edificio donde contenía más que sus cosas si no la mayor parte de su vida.

El edificio no era muy alto, era de color gris como casi todos los edificios del área era el mas pequeño de los alrededores. Ella salió del carro contemplando el viejo enladrillado del edificio como si nunca lo hubiese visto en toda su vida mientras que Jiro tomaba la maleta de color nuez de Yoshiko.

El ascensor se demoró un poco en llegar a planta baja así que mientras esperaban hablaron un poco de cada cosa, costumbres alemanas, el tiempo, anécdotas y otras cosas.

El ascensor se abrió y ambos entraron, Yoshiko aunque estaba cansada se sentía contenta y algo eufórica, su nuevo ascenso laboral y los rencuentros con sus amigos la habían contentado mucho aunque había sido un largo día para ella y apenas eran las 3 de la tarde.

Jiro se acercaba poco a poco mientras el ascensor subía al piso 6, un abrazo muy romántico se dieron los enamorados al mismo tiempo que Yoshiko percibía el perfume de la chaqueta de Jiro.

- Te extrañé demasiado, no quiero que te me vuelvas a ir – decía Jiro al oído de su enamorada.

- Jiro te extrañe cada minuto de mi vida. –

Y al terminar esta oración sus labios se juntaron dándose un beso muy tierno que fue interrumpido por el sonido del timbre del elevador.

Jiro buscaba las llaves en su bolsillo y su acompañante solo observaba el adorable tono color crema que tenia el pasillo. Jiro introdujo la llave en la cerradura y dándole un par de vueltas a la llave le dijo, Cierra los ojos te tengo una sorpresa – Jiro solo sonreía maliciosamente.

Yoshiko asintió mientras sonreía dulcemente, ella sencillamente se tapó los ojos con sus delicadas manos y caminando a ciegas guiándose por el brazo de Jiro caminó hasta la sala.

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19 Mayo 2007

Capitulo II, "Takamura Buildings"

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El taxi se detuvo muy suavemente en frente de un enorme edificio, Yoshiko solo pasó un billete de 10 yenes por la pequeña ventanilla y se despidió tomando su maleta de cuero marrón y su maletín donde tenía entre sus más queridas posesiones, su computadora portátil, un labial color vino tinto y su Palm. Su corazon latía fuertemente y se detuvo allí, al frente del edificio mirando hacia arriba y viendo la enorme “T” que se erigía a la puerta del rascacielos, ella aun con las maletas en su mano empujó la puerta de cristal y entró a la compañía solamente con un pensamiento en su cabeza, el de llegar a su oficina y solo sentarse en su buró relajada viendo la vista del Japón otoñal.

- Konnichi wa señorita, ¿podría ayudarla? – dijo la recepcionista muy amablemente

- Señorita, tengo una cita con el señor Yamato

-¿Señorita Yoshiko? El señor Yamato la está esperando. La nueva oficina del señor Yamato está en el piso 56. Ahora puede subir.

-Muchas gracias – respondió muy amablemente mientras caminaba hacia los ascensores.

El piso 56 era la cúspide del rascacielos, solamente dos personas habían tenido el honor de tener la oficina de la cima entre ellos el señor Yamato quien aunque era estricto sabia como comportarse entre amigos y el estar con el en las fiestas de cóctel era un momento super grato. Llegar a la oficina del piso 56 era una maravillosa sensación, Yoshiko estaba muy emocionada pero a la vez muy asustada por el factor tiempo. Revisaba regularmente su reloj de pulsera preocupándose por llegar puntualmente antes de la hora estipulada.

-Señorita Yoshiko ¿Es usted? – esta frase cruzó por la oficina mientras que se abría el elevador

-Si, Yamato San aquí estoy tal como usted me lo pidió antes de las 4 de la tarde.- dijo Yoshiko al mismo tiempo que quitaba un rizo de cabello de su cara.

El señor Yamato era un sujeto robusto, de piel muy blanca, con una pequeña barbita que le daba un aire bohemio pero a la vez muy elegante. Las pocas veces que había hablado con ella se mostraba amable con algo de seriedad y su apariencia simple pulcra podría decir mucho de el. La oficina del piso 56 era una magnifica oficina, una gran alfombra de un color azul muy potente rodeaba la habitación y justo frente a ella un ventanal donde se podía ver una maravillosa vista del monte Fuji que aunque un poco lejano seguía mostrando las nieves perpetuas en su pico. Su buró parecía de madera de arce pulida con detalles en dorado y una enorme biblioteca donde podrías encontrar todo lo referente a teléfonos celulares.

-Yoshiko, por favor quítate los zapatos y entra – dijo el señor Yamato mientras se acercaba a su invitada

Yoshiko se descalzo y puso los zapatos al lado de los “Armanis” del señor Yamato y dejó también en el suelo su equipaje en el suelo muy organizadamente para que el señor Yamato no la juzgara como desordenada.

-Señorita Takanawa, el extranjero le ha sentado bien, he oído maravillas de usted en mi compañía, por eso la mandé a traer otra vez

- Bueno estoy a sus servicios señor Yamato ¿Qué puedo hacer por usted? – dijo Yoshiko mientras se inclinaba un poco al frente algo apenada.

-Señorita Yoshiko, pido que acepte generosamente mi oferta. Quiero que usted sea miembro de mi junta administrativa aquí en “Takamura Buildings”. Creo que con usted adentro nuestros socios se beneficiaria mucho ya que usted le daría un toque femenino a esta industria de hombre.

-Simplemente si – dijo Yoshiko mientras extendía su mano para dar un apretón de manos. – Pero no puedo empezar hoy mismo, ando un poco cansada por el regreso de Alemania y quisiera por lo menos tomarme un par de días.

-Tómese la semana señorita Takanawa, la quiero muy bien descansada para el próximo lunes - dijo el señor Yamato mientras que estrechaba la mano a su nueva socia.

-Muchas gracias Yamato San – dijo Yoshiko mientras que se dirigía al elevador.

Yoshiko se volvió a calzar sus zapatos negros, tomó sus cosas y al sonar la campanilla subió muy orgullosa al ascensor y mientras se cerraban las puertas vio como se despedía Yamato san desde la oficina del Piso 56.

-¿Planta baja señorita? – dijo la ascensorista con una voz un poco antipática.

-No gracias, voy al piso 22 puede pulsármelo ¿por favor?

La ascensorista pulsó todos los números que les habían solicitado los visitantes de la compañía y entre ellos el piso 22. En el piso 22 se encontraba la vieja oficina de Yoshiko, y allí era donde reposaban muy tranquilamente después de una laboriosa jornada de trabajo. Yoshiko salio del ascensor y echó un vistazo general a la planta, se acercó al primero cubículo y noto un rostro familiar.

-Dariya ¿Eres tu? – dijo Yoshiko mientras le tocaba el hombro a la chica que estaba al frente.

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16 Mayo 2007

Capitulo I, Yoshiko Takanawa

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El pasar de lo minutos parecían eternos, esa sensación de nerviosismo que poseen todos los pasajeros de un avión antes de aterrizar en la pista se adueñaba del cuerpo de la joven y grácil jovencita. La verdad, Yoshiko estaba algo nerviosa de regresar a Tokio, a su Tokio natal y no podría negarlo, ella no había tocado la isla en unos 6 meses por su estresante trabajo como ejecutiva adjunta y le preocupaba totalmente volver a su vida normal como ejecutiva en Tokio. La voz de la azafata casi irreconocible por el incesante ruido de la pista tranquilizaba los nervios de todos los pasajeros y entre ellos a Yoshiko.

Después de aterrizar bruscamente sobre el pavimento, Yoshiko algo ansiosa veía por la pequeña ventanilla como si inspeccionara el vuelo desde su asiento y desabrochando su cinturón de seguridad sencillamente se levantó, tomó su portafolios y con una sonrisa fingida bajó del avión mientras que con la cabeza hacia una pequeña reverencia como dando las gracias a las azafatas y a los pilotos por el rápido viaje que se había efectuado. Mientras que caminaba por el corredor, Yoshiko pensaba en su familia, en las amistades que la rodeaban tanto en la compañía como en su hogar y en lo mucho que extrañaba a Jiro. Este pensamiento fue interrumpido por el sonido del celular, Yoshiko regresando su mente a la tierra rápidamente se detuvo entre el corredor y la entrada del aeropuerto mientras buscaba entre su chaqueta su celular – organizador.

- Yamato San, acabo de llegar a Tokio y no creo poder llegar a la compañía si no hasta la tarde. ¿me puede esperar?

- Lo lamento Yoshiko, si no estas acá para las 4 de la tarde tendré que darle el puesto en la junta administrativa a Sayaka.

-Descuide, estaré allá.

Mientras pulsaba la tecla de terminar en el celular, nuestra amiga levantaba la vista hacia la multitud de gente que se encontraba ese día en el aeropuerto. Ella podía ver la desesperación de los pasajeros mientras esperaban sus maletas en la cinta de equipaje, ella podía sentir el estrés que aumentaba cada minuto que pasaba y que seguía atrapada en el aeropuerto. Una maleta marrón se asomó y pasaba una y otra vez por la cinta y Yoshiko no podía ver por encima de la gente pero solo con ver el pañuelo rojo que guindaba por la manija de piel aterciopelada y por ese pequeño detalle que ella ni siquiera sabia por que lo había puesto pero sabia perfectamente que había una extraña atracción hacia el color rojo sangre.

Yoshiko tomó su maleta muy energéticamente, tratando de no tropezar a nadie con su mano libre y simplemente se dirigió rumbo a la salida tratando de esquivar a la oleada de personas que entraban y salían del aeropuerto. Al llegar a la acera parecía ser la única chica que salía del aeropuerto, sus ojos negros achinados brillaban como cristales centelleantes al sol buscando un taxi en la mitad de la concurrida ciudad y sin mucho pensarlo mojó sus labios y se llevó dos dedos a la boca sacando un estridente silbido que hizo que mas de un taxi se detuviera al frente de ella. Yoshiko solo sonrió y muy segura de si misma entró en el taxi y diciéndole la dirección al señor que estaba al frente de ella el taxi se alejó y se confundió con el clásico trafico normal de la gran ciudad.

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Yoshiko Takanawa, una exitosa ejecutiva japonesa que regresa a su Tokio natal despues de mucho tiempo, ella posee un alto puesto en "Takamura Buildings" una empresa muy importante en Japon. Su vida empieza a dar un vuelco despues de su cumpleaños donde empiezan a pasarle cosas extrañas y empeza a caer en depresion. Su mejor amiga le recomienda un buen psicologo y despues de unas sesiones de regresion Yoshiko se da cuenta que ella tenia una vida pasada en España e inesplicablemente cosas maravillosas empiezan a pasarle simultaneamente que descubre cosas en su pasado.

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