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El pasar de lo minutos parecían eternos, esa sensación de nerviosismo que poseen todos los pasajeros de un avión antes de aterrizar en la pista se adueñaba del cuerpo de la joven y grácil jovencita. La verdad, Yoshiko estaba algo nerviosa de regresar a Tokio, a su Tokio natal y no podría negarlo, ella no había tocado la isla en unos 6 meses por su estresante trabajo como ejecutiva adjunta y le preocupaba totalmente volver a su vida normal como ejecutiva en Tokio. La voz de la azafata casi irreconocible por el incesante ruido de la pista tranquilizaba los nervios de todos los pasajeros y entre ellos a Yoshiko.

Después de aterrizar bruscamente sobre el pavimento, Yoshiko algo ansiosa veía por la pequeña ventanilla como si inspeccionara el vuelo desde su asiento y desabrochando su cinturón de seguridad sencillamente se levantó, tomó su portafolios y con una sonrisa fingida bajó del avión mientras que con la cabeza hacia una pequeña reverencia como dando las gracias a las azafatas y a los pilotos por el rápido viaje que se había efectuado. Mientras que caminaba por el corredor, Yoshiko pensaba en su familia, en las amistades que la rodeaban tanto en la compañía como en su hogar y en lo mucho que extrañaba a Jiro. Este pensamiento fue interrumpido por el sonido del celular, Yoshiko regresando su mente a la tierra rápidamente se detuvo entre el corredor y la entrada del aeropuerto mientras buscaba entre su chaqueta su celular – organizador.

- Yamato San, acabo de llegar a Tokio y no creo poder llegar a la compañía si no hasta la tarde. ¿me puede esperar?

- Lo lamento Yoshiko, si no estas acá para las 4 de la tarde tendré que darle el puesto en la junta administrativa a Sayaka.

-Descuide, estaré allá.

Mientras pulsaba la tecla de terminar en el celular, nuestra amiga levantaba la vista hacia la multitud de gente que se encontraba ese día en el aeropuerto. Ella podía ver la desesperación de los pasajeros mientras esperaban sus maletas en la cinta de equipaje, ella podía sentir el estrés que aumentaba cada minuto que pasaba y que seguía atrapada en el aeropuerto. Una maleta marrón se asomó y pasaba una y otra vez por la cinta y Yoshiko no podía ver por encima de la gente pero solo con ver el pañuelo rojo que guindaba por la manija de piel aterciopelada y por ese pequeño detalle que ella ni siquiera sabia por que lo había puesto pero sabia perfectamente que había una extraña atracción hacia el color rojo sangre.

Yoshiko tomó su maleta muy energéticamente, tratando de no tropezar a nadie con su mano libre y simplemente se dirigió rumbo a la salida tratando de esquivar a la oleada de personas que entraban y salían del aeropuerto. Al llegar a la acera parecía ser la única chica que salía del aeropuerto, sus ojos negros achinados brillaban como cristales centelleantes al sol buscando un taxi en la mitad de la concurrida ciudad y sin mucho pensarlo mojó sus labios y se llevó dos dedos a la boca sacando un estridente silbido que hizo que mas de un taxi se detuviera al frente de ella. Yoshiko solo sonrió y muy segura de si misma entró en el taxi y diciéndole la dirección al señor que estaba al frente de ella el taxi se alejó y se confundió con el clásico trafico normal de la gran ciudad.