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- Puedes abrir los ojos Yoshiko - se escucho decirlo a Jiro mientras se desprendía muy fácilmente del brazo de la joven.

Yoshiko se sonrojó al quitar las palmas de las manos de sus ojos, la mesa estaba puesta para dos, y en el centro un florero donde se mostraban los mas hermosos tallos de las orquídeas blancas que Yoshiko había visto en su vida. Las servilletas en forma de cisnes besándose hacían que la mesa se viera tan elegante como un restaurante, habían velas alrededor que Jiro encendía una a una en el silencio de la tarde. Yoshiko fantaseaba con la idea de tener a su propio mayordomo y Jiro al parecer lo había recordado dándole a entender que ese día haría sus sueños realidad.

-Siéntese Mademoiselle – decía Jiro con mal acento francés mientras sonreía y muy gentilmente le ofrecía el asiento a Yoshiko.

-Uhh, Monsieur Jiró, por que tanta atención.

-Sencillamente, te quiero dar la bienvenida a mi manera, sabes que yo aun tengo mis secretos bajo la manga – decía Jiro mientras que se colocaba un sombrero abultado de chef y le daba una sonrisa picarona a Yoshiko.

Jiro solo trataba de que la velada trascurriera tan natural y tan placentera para que Yoshiko cambiara su humor y la pasara como nunca la hubiese pasado. De la nevera sacó un par de botellas, una de vino tinto muy robusto y una de champagne rosé que ciertamente guardaba desde hace un tiempo. Primero abrió la botella de champagne y la sirvió en un par de copas tipo flauta justo al frente de Yoshiko mientras que ella observaba como las burbujas del licor ascendían a la superficie. Yoshiko solo tomó una de las copas y mientras levantaba su copa al aire preguntó: ¿Por qué brindamos?

- Naturalmente por que regresaste, regresaste a mis brazos – respondió Jiro mientras chocaba su copa con la de ella y luego de un segundo bebió su contenido.

- o la la, ¿y cual es el menú de la tarde? – decía Yoshiko mientras colocaba la copa nuevamente en la mesa.

- Bueno para tu placer personal he hecho algo muy bueno tan solo para los dos. Para empezar una Crostini con Tapenade, seguido por una ensalada capresa, unos Farfalles all arrabiata y para finalizar un delicioso postre que revelaré al final de la velada. Te prometo que será algo íntimo solo para nosotros dos.

La velada avanzo desde las entradas hasta el final del plato principal y a medida que mejoraba la tarde y circulaba la conversación ambos disfrutaban lo maravilloso de estar nuevamente juntos. Jiro se levanto con cortesía mientras que retiraba los platos sucios y la botella de vino parcialmente vacía que ambos habían tomado. Yoshiko permanecía sentada con su porte y elegancia natural que solo ella poseía y era una de esas pequeñas cosas que Jiro le encantaba de Yoshiko. La bandeja de color plata que tenia Jiro contenía un par de copas y como gran mayordomo sirvió los “Bellinis” a cada uno de ellos. Yoshiko solo sonreía muy tímidamente mientras que se llevaba una de las fresas bañadas en crema chantillí. Ella había entendido totalmente por que había elegido ese postre y mientras disfrutaba el sabor acido pero a la vez dulce de las fresas recordaba la primera cita que había tenido con Jiro. Fue aquella tarde de verano en las playas frías de Kōbe cuando Jiro la esperaba con una cesta de bambú llena de las delicateses más exquisitas de Japón. Habían tomado un par de vasos de sake bien helado y mientras ambos disfrutaban aquel día de diversión, el cariño entre ambos crecía cada vez más. Los “bellinis” que Jiro había llevado en esa oportunidad sin duda alguna se habían derretido pero igual disfrutaron ya que Yoshiko comió tan solo las frutas rojas.

El tintineo de las copas y la voz de Jiro hicieron que Yoshiko volviera al presente dándose cuenta que ya había terminado totalmente su postre. Yoshiko veía como Jiro hacia lo posible para que ella se sintiera tan cómoda como de costumbre y ella le encantaba ya que se sentía tan protegida y consentida que nunca jamás quería separarse de su lado.

- Querida Yoshiko, tienes un poco de crema en la cara – decía Jiro mientras que se le acercaba con una servilleta blanca de tela. – Permíteme limpiarte.